Lo que antes fuera una pesadilla para sujetos víctimas del naufragio de un barco o la caída de un avión, el mundo de hoy parece haber transformado la pesadilla en sueños y poner las cosas de cabeza.
En un mundo en el que la comunicación entre las personas es cada vez más frecuente y continuo con la ayuda de la tecnología, el estar solo en una isla, aislado del mundano exterior y dando un largo respiro admirando la belleza de su alrededor, no es nada descabellado. Robinson Crusoe sería el hombre más envidiado del mundo y seguramente llegarían muchos a rescatarlo para luego hacerse los propietarios de la isla.
Ser el flamante propietario de una pequeño porción de tierra rodeada de mar es una fantasía posible de realizar para muchos ricos y famosos. Mel Gibson pagó 15 millones de dólares por retiro en Fiji. El billonario británico Richard Branson es propietario de Necker Island en el Caribe. Marlon Brando le gustaba pasar largas temporadas en su isla de la Polinesia Francesa. Estos son algunos de los dueños de las muchas islas ofrecidas por los agentes de ventas. La principal ventaja de tener una isla es la privacidad. Las aguas que rodean a la isla funcionan mejor que un altísimo muro de piedra, siendo esta la mejor barrera hacia el mundo exterior. En el caso de las celebridades, se sienten contentas que ningún paparazzi pueda pisar un centímetro de playa, ya que ellos son los amos y dueños del lugar.
El precio de las islas varía en cada caso dependiendo de su ubicación, tamaño y características climáticas de la zona. “Las islas son muy escasas, al menos las buenas”, dice Farhad Vladi agente internacional de corretaje de Vladi Private Islands con sede en Hamburgo, Alemania. La revista económica Forbes elaboró una lista con las islas más caras del mundo, posicionándose en primer lugar la Isla de sa Ferradura en España, con un valor de 40 millones de dólares. Le siguen la Isla de Pakatoa en Nueva Zelanda y la Isla de Cerralvo en México.
Pero no todas son buenas noticias y alegrías cuando ya se tiene el título de propiedad de la isla entre las manos. Momentos después comienzan los problemas. Además de desembolsar 20, 30 o 40 millones por la isla, hay que pensar en los gastos por construcción de una vivienda. Si la isla no tiene servicio de luz, agua y desagüe -como pasa en casi todas- tendrá que aprender a vivir como Tom Hanks en la película ” El naúgrafo” o tendrá que ingeniárselas para llevar todos esos servicios a la recién adquirida isla.

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Está muy acertado el título de “Un sueño hecho realidad”, tener una isla privada propia es un sueño al alcance de muy pocos afortunados.