Situado a 177 Km. del aeropuerto de Barcelona, cerca de la localidad gerundense de Rosas, El Bulli fue considerado el mejor restaurante del mundo por “The Restaurant Magazine” en 2002, 2006, 2007 y 2008.
Actualmente es propiedad del chef español Ferran Adrià y sustenta una filosofía en la cual la cocina es un lenguaje para expresar armonía, creatividad, felicidad, belleza, poesía, complejidad, magia, humor, provocación y cultura.
Los productos más utilizados en El Bulli provienen del mundo vegetal y del mar. También están presentes los lácteos, los frutos secos y otros ingredientes capaces de configurar una cocina ligera. Las carnes rojas y las aves en grandes piezas se utilizan en menor medida.
En El Bulli, la estructura clásica de los platos se rompe: en los entrantes y en los postres se plantea un cambio que tiene mucho que ver con la simbiosis entre lo dulce y lo salado y en los segundos platos se rompe la jerarquía producto-guarnición-salsa.
La historia de la casa se remonta a finales de la década del 50 cuando un matrimonio de alemanes adquirió el terreno para montar un minigolf al que denominaron El Bulli en honor a sus perros bulldogs franceses.
Ya en el 63, El Bulli funcionaba como minigolf, pero rápidamente y debido a la popularidad de la Cala Montjoi como centro de submarinismo, el matrimonio decidió instalar un chiringuito.
Un año más tarde, El Bulli se hizo de un Grill-room, con el suizo Otto Müller a cargo. Se servían en ese momento platos sencillos como pollos asados, piernas de cordero y algunos pescados a la parrilla hasta que fueron apareciendo en la carta platos cada vez más elaborados.
Ya en el año 75, El Bulli ofrecía a sus visitantes una oferta consolidada a través de platos como lubina flambeada con hinojo, las gambas al Pernod, el entrecôte doble con salsa bearnesa o el emincé de filete Stroganoff, entre otros.
En 1976 el restaurante se hizo acreedor de la primera estrella Michelin. La historia que resta hasta la actualidad no es más que una cosecha continua de premios y distinciones, los cuales reflejan el esfuerzo y la tradición que acoge este santuario de la gastronomía mundial.

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He ido un par de veces a El Bulli de Ferran Adrià y su me ha parecido realmente interesante su cocina tan experimental, todo un lujazo. Una cosa, los que deseen reservar mesa para comer en El Bulli que sepan que existe una enorme cola de espera.