Una pieza que asombra por su elegancia y versatilidad. Un trabajo artesanal que no abunda y que hay que saber aprovechar.
La técnica de fabricación del vitraux data de largo tiempo y está muy asociada con lo religioso y lo sagrado, esto porque fueron los vitraux los que decoraron las fachadas e interiores de numerosas iglesias alrededor del mundo.
Estas vidrieras ya eran utilizadas en los templos de la época románica pero llegan a su apogeo con la arquitectura gótica y se van generalizando desde el siglo XIII.
El vitraux es una pieza clásica que se fabrica a través del emplomado, un sistema que utiliza varillas de plomo para la confección de diseños. Cada fragmento de vidrio se introduce en el canal de las varillas y luego se estañan las uniones para sellarlas, todo con el propósito de conseguir una forma, motivo o dibujo deseado.
Las tendencias decorativas actuales apuntan a la fusión de estilos con el objetivo de obtener aquel que más refleje la personalidad de quien habita un ambiente. Por ello, el vitraux es una opción más que acertada si de mezclar se trata. El espÃritu clásico de la pieza, su esencia ancestral, tradicional y bella hará de un ambiente moderno un lugar con estilo y distinción.
El diseño del vitraux puede ser exclusivo, a pedido del cliente, por lo que son ideales cuando se trata de emprender un proyecto arquitectónico con identidad. Pueden ubicarse en puertas, mamparas, ventanas chicas, grandes ventanales y techos.
Además del diseño propio, es decir, la forma lograda a través de la disposición de los vidrios, la magia del vitraux reside en la luz tonalizada que devuelve en contraste con la luz. Es asà que estas piezas artesanales consiguen crear ambientes verdaderamente armónicos y personales.

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